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Doña Aldonza Manrique, la gobernadora de la isla de las perlas

Agradezco a “1785 Impulsa España” la oportunidad que me ofrece para presentarles en estas líneas a una mujer y unos hechos muy desconocidos que forman parte de nuestra secular e intensa presencia en América, esa gran historia que con legítimo orgullo debemos de conocer, comprender, y narrar sin complejos ante miradas obtusas o negro legendarias tan presentes en este siglo XXI. No hay que ocultar nada, flaco favor nos haríamos, pero sí tenemos que explicar y proteger el inmenso legado hispano en el continente americano, una herencia cultural universal, pues somos ya más de 550 millones de habitantes los que pensamos, sentimos, escribimos y nos entendemos en la misma lengua, la de Cervantes, Sor Juana Inés de la Cruz, Alonso de Ercilla, Octavio Paz, Lope de Vega, Vargas Llosa, etc.


En mi último libro, recientemente publicado por SND Editores, rescato del olvido a Aldonza Manrique, la primera gobernadora criolla -española y americana- que hubo en el Nuevo Mundo. Nacida en Santo Domingo en 1520, fue reconocida como gobernadora de la isla Margarita el 13 de junio de 1527 por el emperador Carlos, pese a que sólo contaba con siete años de edad entonces, título que conservaría de manera perpetua, hasta su muerte en 1575. Sobre ella se ha escrito muy poco, lo que me incitó a investigar y narrar los hechos que rodearon su existencia en el Caribe del siglo XVI, lugar estratégico, complejo y peligroso.

“De mucho más honor merecedora. Doña Aldonza Manrique, la gobernadora de la isla de las perlas”

Pero, ¿cómo llegó una niña criolla a ser gobernadora de la isla Margarita? Para dar respuesta a esta cuestión debemos retroceder hasta 1498, cuando Cristóbal Colón en su tercer viaje dio con la isla de Trinidad, la costa norte de Sudamérica y con las islas de Cubagua, Coche y Margarita, muy próximas a las costas de Cumaná. Las aguas que rodeaban el desértico islote de Cubagua eran ricas en perlas y aquellos marineros pronto lo comprobaron, atrayendo luego el eco de este hallazgo a otros aventureros como Alonso de Ojeda, los hermanos Guerra, Bastidas y muchos más que por allí recalaron para obtener una fácil ganancia mediante el intercambio de diversos objetos por las perlas que les proporcionaban los nativos. 

Cubagua fue, pues, el primer lugar de aquella zona donde los españoles se asentaron, al principio de manera temporal, en toldos y tiendas precarias, y luego de forma permanente, construyendo casas de piedra hasta que en 1527 la ciudad era nombrada como la Nueva Cádiz. No había agua potable, lo que originó no pocos problemas al tener que traerla de un río en la costa de Tierra Firme habitada por indios hostiles, pero la riqueza perlífera era indudable y compensaba con creces implantarse en ese islote árido y agresivo. La vecina isla Margarita, de mayor tamaño, quedó en un segundo plano, objeto sólo de puntuales intercambios comerciales con los indios guaiqueríes o como suministro de leña y algunos frutos.

Fue en 1525 cuando don Marcelo de Villalobos, uno de los tres primeros oidores de la Audiencia de Santo Domingo, puso sus miras en la Margarita como lugar de expansión. Personaje influyente, consiguió firmar capitulación con la Corona para poblar dicha isla con españoles y explotar sus recursos. A cambio de una serie de condiciones, Villalobos sería gobernador y un hijo podría heredar el cargo a su muerte. Fallecido repentinamente en 1526, no tenía vástagos varones, pero sí dos hijas, Aldonza de seis años y Marcela, de 3.

Portada libro Daniel Arveras

Aquí entra en escena la primera mujer fundamental en esta historia, su esposa doña Isabel Manrique, quien defendió ante la corte el derecho que asistía a la hija mayor del matrimonio para que heredera la gobernación de la isla Margarita. Viajó a España y consiguió que el emperador Carlos reconociera el 13 de junio de 1527 a Aldonza Manrique como legítima gobernadora. Su madre sería su tutora o curadora hasta que ella fuera mayor de edad o se casara.

Desde aquella fecha y hasta octubre de 1575, una mujer nacida en Santo Domingo sería la gobernadora de aquella isla del Caribe, base de expediciones hacia el interior del continente, frecuentemente atacada por corsarios y piratas extranjeros, sufridora de sequías y otras inclemencias climáticas, lugar donde se expandió el ganado y fueron célebres los caballos margariteños… Por supuesto, también había perlas en sus aguas y, los sucesivos hallazgos de bancos perlíferos, sobre todo a partir de 1573, trajeron una etapa de prosperidad a la isla en las últimas décadas del siglo XVI.

Doña Aldonza se apoyó en tenientes de gobernador sobre el terreno para regir los asuntos de la isla, trató de ampliar su jurisdicción a la costa de Tierra Firme y delegó también en varios familiares. Superó no pocas pérdidas y desgracias, viajó a España para solicitar ayuda tras el terrible paso del tirano Lope de Aguirre por la isla en el verano de 1561 y consiguió, con gran tesón y orgullo, que su nieto don Juan Sarmiento de Villandrando pudiera heredar la gobernación tras su muerte, algo no previsto en la capitulación firmada por su padre.

A ella se debe que la familia Villalobos-Manrique tuviera el dominio sobre la isla Margarita durante prácticamente todo el siglo XVI, desde 1525 hasta 1593, año en el que Villandrando murió víctima de uno de los asiduos ataques de corsarios ingleses. Ella había fallecido en Madrid en 1575, satisfecha al menos porque su nieto heredaría el dominio sobre la isla, como así fue entre 1583 y 1593.

Una historia muy singular en la América hispana del siglo XVI. Una mujer muy desconocida y unos hechos apasionantes sobre los que he tratado de arrojar algo de luz en este libro que ya se encuentra a su disposición en librerías.

No es una novela, es un ensayo para el que he buceado en fuentes primarias, en cronistas de Indias -sobre todo en el gran Juan de Castellanos, “testigo de vista” de muchos de los hechos narrados en aquellas latitudes- y en una relevante bibliografía y trabajos sobre algunos de los factores que envuelven esta historia, abundante en perlas, indios caribes, esclavos, piratas y corsarios.

Les invito a descubrir a doña Aldonza Manrique, una dama, sin duda, de mucho más honor merecedora.

Gracias y enhorabuena por su labor.

Daniel Arveras Alonso


Daniel Arveras Alonso

Daniel Arveras Alonso (Madrid, 1971) es periodista por la Universidad San Pablo CEU y tiene un máster en Historia y Antropología de América por la Universidad Complutense de Madrid. Apasionado de la historia, colabora periódicamente en diferentes medios de comunicación rescatando del olvido personajes y hechos referidos a nuestra presencia secular en América.
“De mucho más honor merecedora. Doña Aldonza Manrique, la gobernadora de la isla de las perlas” es su tercer libro tras el exitoso “Conquistadores olvidados” (2ª edición ya en librerías).
El autor recupera en la presente obra la figura de una mujer que apenas ocupa una línea en la vasta historiografía sobre las Indias, pese al destacado papel que desempeñó durante casi toda su vida.
De manera amena, pero con el necesario rigor y utilización de amplia documentación de la época, Arveras nos ofrece la apasionante historia de doña Aldonza Manrique, gobernadora perpetua de una isla del Caribe en el siglo XVI, un lugar inestable y peligroso, acechado por corsarios y piratas dada la riqueza perlífera de sus aguas.

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